“La música tiene que sonar como si se hu¬biera compuesto ayer, con novedad. La rigurosidad en la interpretación es importante siempre y cuando esté acompañada de una dosis de expresividad suficiente que haga entender por qué la estamos interpretando”.
Cuando en 1988, casi por azar, Eduardo López Banzo se lanza a la aventura de crear Al Ayre Español, la interpretación de la música antigua con instrumentos y criterios historicistas era prácticamente una utopía y apenas existían conjuntos especializados en el repertorio ba¬rroco español. El origen de la historia de Al Ayre Español surgió del interés y de la sensibilidad por unas partituras que, según Eduardo López Banzo contenían “algo diferente a lo escuchado en las partituras de otros compositores europeos”. “Cuando estu¬dia-¬ ba en Holanda escuché un concierto de música española francamente de¬cepcionante y junto a mí estaba Gustav Leonhardt. Entonces decidí que había que tomar parte activa en la dignificación de un repertorio que no merecía un tratamiento tan injusto”. Durante sus primeros años, el conjunto ofrecía obras de formato mediano –cantatas y villancicos a cuatro voces con instrumentos– y profundizaba en autores que escondían joyas desconocidas, como José de Torres, Antonio de Literes o José de Nebra. La tarea de rescatar del olvido parte del patrimonio musical español anterior al siglo XVIII ha ocupado media vida del director aragonés. En aquellos tiempos, no sólo interpretar sino grabar música antigua era un riesgo, asegura, “el ca¬mino lo abrimos entre unos pocos y me alegra que ahora más grupos jóvenes se animen a seguirlo”.

A pesar del trabajo de más de veinte años de trayectoria reconocida en España con el Premio Nacional de Mú¬sica en 2004, entre otros muchos, Al Ayre Español afronta nuevos retos y continúa con el firme propósito de asumir la responsabilidad que supone conseguir un trabajo reconocido a nivel internacional. Para lograrlo, además del rigor y la profundidad en los planteamientos, “el conjunto tiene que ofrecer algo distinto e incluso arriesgado. Queremos seguir colocando la música española a un nivel internacional y entusiasmar con música de calidad”. Para ello, para poder moverse con plena seguridad por los escenarios de todo el mundo, su fundador ha puesto todo el cuidado y el empeño en conseguir una orquesta de calidad que pudiera competir con las mejores del mundo. “Si queremos viajar con nuestra música, hay que hacerlo con total garantía”, confirma. Al hilo de esta línea de compromiso con la calidad, existe el convencimiento de que la música española debe dejar de ser algo exótico. “He querido ofrecer también la otra faceta de España: el misticismo y la gravedad de nuestra mú¬si-¬ ca. Los colores ocres y de tierra que tienen algunos de nuestros salmos y esas piezas instrumentales que parecen casi tierra roja. Ese espíritu tremendo, casi básico que hay en la mú¬sica española”, asegura el director.

En 2003, el grupo de cámara dio paso a una orquesta barroca que le permitió al director bucear en repertorios que requerían más efectivos. En aquel momento, la apuesta del Gobier- no de Aragón fue definitiva y la ayuda institucional permitió al grupo crecer y convertirse en una orquesta que puede enfrentarse a un repertorio más amplio, incluso llegar al clasicismo. El apoyo decidido del Gobierno de Aragón se mantiene en la actualidad. Además, disponer de una sede como el Auditorio de Zaragoza, uno de los mejores de España y con una acústica formidable, permite materializar proyectos e ideas.
No obstante, la música española no ha sido la única protagonista en su repertorio. Ya casi desde los comienzos de este grupo, se interpretaron programas italianos con Alessandro Scarlatti, Pergolesi y Vivaldi como protagonistas. Casi a la vez se hicieron obras de Handel, Telemann y Bach y también algo de Mozart y Haydn, en¬tre otros. Queda mucho más por recorrer. El interés por la óperas compues- tas por Handel en su primera etapa, impulsa los últimos proyectos discográficos y conduce estos últimos años a la orquesta por los principales escenarios europeos.

Si el pasado 2008, año del 200 aniversario de la orquesta, reafirmó la vocación internacional de Al Ayre Español –tanto por repertorios como por escenarios–, la temporada 2009-2010 supone un paso más, encaminando la programación de la forma- ción hacia el repertorio del clasicismo y aumentando las propias dimensiones de la orquesta y coro con nuevas producciones como la ópera de Haendel Giulio Cesare in Egitto, en el Palacio Euskalduna de Bilbao, el Auditorio de Zaragoza y el Festival de Beaune, la Pasión según San Mateo de Juan Sebastian Bach en el Auditori de Castelló y el Palau de la Música de Valencia; la ópera Orlando de Haendel en la Maestranza de Sevilla y Zaragoza; Las siete palabras de Cristo en la Cruz de Joseph Haydn en el festival de Utrecht, en Málaga y en el Auditorio de Zaragoza; Le Nozze di Figaro de W. Amadeus Mo¬zart en el Palacio Euskalduna, así co¬mo los programas de formato orques-¬ tal más pequeño como las Cantadas al Santísimo de José de Nebra en León, Nápoles, El Escorial, Jaca y Viena. Al mismo tiempo, este año 2009 supone el lanzamiento de una nueva grabación discográfica, para el sello Naïve-Ambroisie, de la célebre ópera Rodrigo de Haendel.